Filosofía de Luis De Garrido

Luis De Garrido es ante todo un pensador incesante, interesado en última instancia en identificar todo tipo de estrategias que tengan como finalidad la consecución de la mejora y trascendencia del ser humano, en equilibrio continuo con el ecosistema en el que se integra.

Para lograr este objetivo Luis De Garrido estudia en todo momento el comportamiento humano, tanto de forma individual, como de forma colectiva -conformando redes sociales-, con la finalidad inicial de identificar aquello que le diferencia del resto de seres vivos, o lo que es lo mismo, las características intrínsecas humanas. Sus estudios del comportamiento los realiza de dos formas diferentes y complementarias, en colaboración con otros estudiosos y con varios centros de investigación. Por un lado intenta identificar las relaciones causa-efecto del comportamiento humano como si se tratara de una caja negra, y por otro lado intenta identificar los mecanismos cerebrales y biológicos que sustentan dicho comportamiento.

Como resultado de sus investigaciones Luis De Garrido ha llegado a ciertas conclusiones que podrían resultar de vital importancia para que podamos mejorar y transcender como seres humanos:

  1. Luis De Garrido afirma que aquello que denominamos como “condición humana”, es decir, las características únicas que tenemos los seres humanos y que nos diferencia del resto de los seres vivos, se basa tan solo en dos pilares fundamentales:
  2. Alto nivel de conciencia y sensación de libre albedrio.

La conciencia, tanto de uno mismo como de lo que nos rodea, no es intrínseca al ser humano ya que se ha observado cierto nivel de conciencia en los chimpancés, los orangutanes y gorilas, y en mucho menor grado en delfines, elefantes asiáticos y urracas. Sin embargo el nivel de conciencia del ser humano es enormemente mayor, y ello le permite crear complejas interacciones sociales dentro del conjunto del grupo.

El elevado nivel de conciencia de los seres humanos no depende únicamente del elevado desarrollo de nuestro lenguaje, sino que depende especialmente de nuestra estructura cerebral. En general la conciencia puede entenderse como una propiedad que surge a partir de la interacción de una serie de áreas cerebrales específicas dentro de la enorme red neuronal de nuestro cerebro.  Cada neurona y cada red neuronal tienen una determinada función, sin embargo, las conexiones funcionales que se establecen entre ellas hacen que surja una nueva función común. De hecho actualmente se sabe que para que la conciencia pueda surgir las neuronas de la corteza prefrontal y de la corteza parietal deben enviar información a la corteza cerebral, a través del tálamo. Este procesamiento recurrente se extiende de las áreas puramente sensoriales a las motoras. Por otro lado, la conciencia de uno mismo, de que nuestro cuerpo nos pertenece, depende de la corteza premotora y del giro angular.

Por otro lado, aun siendo conscientes de lo que pasa si no tenemos la sensación de decidirlo nosotros (libre albedrio) nuestro cuerpo nos parecerá un objeto extraño, y nuestros actos nos parecerán arbitrarios. Por ello se puede decir que la ilusión de actuar libremente es el precio que los humanos deben de pagar por tener un elevado nivel de conciencia. De hecho Luis De Garrido cree que nuestra sensación de libre albedrio está completamente acotada y determinada desde nuestro nacimiento, ya que depende de una estructura cerebral determinada y especialmente de las conexiones existentes en nuestros dos hemisferios cerebrales.

Dado el entorno complejo y en cambio continuo en el cual vivimos no es posible que nuestra vida esté predeterminada de modo predecible, pero dada la forma en la que se desarrolla nuestro cerebro es imposible que exista un completo libre albedrio. No obstante todos sentimos y creemos que podemos hacer elecciones libremente, y esto lo denominamos como “libre albedrio”. Sin embargo esto no es más que una ilusión.

Por ejemplo cuando decidimos mover una mano, dada la estructura de nuestro cerebro tanto los movimientos que hacemos, como el pensamiento “consciente” de movernos proceden de procesos inconscientes del cerebro. No podemos ver esos procesos inconscientes, pero en cambio podemos interpretar los movimientos resultantes. La ilusión del libre albedrio se genera en una segunda instancia, cuando la información sobre la acción realizada se envía a la corteza cerebral. Es posible por tanto que esta ilusión del libre albedrio sea simplemente necesaria para imprimir en la acción nuestro sello: “esta mano es mía, este soy yo”. Por tanto se puede decir que la conciencia es posterior al inicio de la acción. En otras palabras, se puede decir que la conciencia es solo una historia que se cuenta posteriormente.

De hecho, en la actualidad incluso se puede medir este retardo, y se puede asegurar que la experiencia consciente se crea medio segundo más tarde de que se haya realizado la actividad cerebral inconsciente. Por otro lado se ha demostrado que las áreas de la corteza cerebral están ocupadas entre siete y diez segundos preparando las acciones motoras antes de que se tome consciencia de ello.

No obstante, aunque la conciencia vaya un poco por detrás de los hechos, sigue siendo útil cada vez que nos enfrentamos a una situación inesperada. Por ejemplo, cuando aprendemos a conducir vamos muy lentos y cometemos muchos errores de forma continua, ya que intentamos controlar una por una todas las acciones necesarias y de forma coordinada, y siempre se nos escapa algo. Mientras aprendemos hacemos planes conscientes, pero posteriormente, después de muchísimo entrenamiento, conducimos de forma automática. De hecho conducimos de forma automática la mayoría de las veces, y solo cuando se produce una situación inesperada, que reclama nuestra atención, es cuando nuestros actos conscientes, y lentos, toman el relevo, con todo el peligro que ello implica.

  1. Imaginación y creatividad.

Los seres humanos somos diferentes del resto de seres vivos por nuestra capacidad única para cooperar de forma flexible con otros humanos desconocidos formando grupos de gran tamaño. Otros muchos seres vivos cooperan entre sí formando grupos, pero solo los seres humanos lo hacemos de forma flexible con un número indeterminado de extraños.

Esta capacidad intrínseca humana es posible gracias a nuestra imaginación y nuestra creatividad.

Solo nosotros, los humanos, (debido a que nuestro cerebro no puede diferenciar un hecho real de un hecho imaginado) podemos inventar historias sobre cosas que solo existen en nuestra imaginación, y difundirlas a millones de personas, y de este modo formar grupos de gran tamaño, con todas las ventajas y los inconvenientes que ello implica. Un humano puede inventar cualquier cosa, y al comunicarlo a los demás muchos de ellos son capaces de visualizarla, pueden interiorizarla y pueden hacerla suya. De este modo tendrán la conciencia de que dicha invención es algo suyo, algo que les pertenece, y como consecuencia, sin ser conscientes de ello, se sentirán parte de un grupo, con todas las ventajas que ello supone para su supervivencia. La creación de estos grupos sociales sin duda supuso una enorme ventaja evolutiva, el problema es que la mayoría de sus componentes ni siquiera llegan a cuestionar que su cohesión depende de una invención, y que esta invención puede ser absolutamente descabellada y absurda. La mayoría de los componentes de estos grupos sociales y religiosos tampoco llegan a ser conscientes nunca de que dicha invención, que se les ha transmitido a temprana edad como algo verdadero y fundamental, marcará su comportamiento individual y social a lo largo de toda su vida.

Como consecuencia, con el paso del tiempo el grupo irá manteniendo la invención primigenia, simplemente para asegurar su cohesión, su continuidad en el tiempo, su supervivencia y su poder, utilizando cualquier medio que esté a su alcance. Y como resultado complementario la mayoría de los componentes del grupo, presentes o futuros, pueden mantenerse en un estado continuado de confusión y desinformación, y creer que dicha invención fue (y continua siendo) una realidad perfectamente legítima. Lo cual, de forma redundante, perpetúa a un determinado grupo a lo largo del tiempo, por absurda que fuere la idea inicial por la cual se formó originalmente.

Esta actitud es intrínsecamente humana, y no es compartida absolutamente por ningún otro ser vivo. Por ejemplo, y debido a su capacidad cerebral, ningún chimpancé puede creer en un cielo lleno de bananas y de hembras vírgenes para la eternidad, ni tampoco justificar sus actos en nombre del “gran mono todopoderoso”.

Teniendo en cuenta estos aspectos se hace evidente que para que los seres humanos podamos trascender debemos acometer acciones que nos permitan por un lado alcanzar niveles superiores de conciencia, y por otro lado mejorar nuestra capacidad de imaginación y nuestra creatividad. De este modo podremos alcanzar nuevos potenciales cognitivos que nos permitan la percepción de nuevas realidades, y por ello la creación de redes sociales optimizadas, que sirvan de sustrato a la generación nuevos entes inteligentes complejos.

  1. Luis De Garrido afirma que el comportamiento de todos los seres vivos, incluidos los seres humanos, depende exclusivamente de su cerebro. Incluso las capacidades intrínsecas y más avanzadas del ser humano, como son la conciencia, la espiritualidad, la imaginación y la creatividad, dependen de la estructura y de la actividad de nuestro cerebro.

La combinación de nuestra herencia genética y la programación de nuestro cerebro durante nuestro desarrollo intrauterino y en menor medida, durante nuestros primeros años de vida, nos crea una determinada estructura cerebral en la cual ya están determinados en gran medida nuestros talentos, nuestras limitaciones y nuestro carácter. En este sentido, a lo largo de nuestra vida no podemos, por ejemplo, decidir cambiar nuestra identidad de género, nuestra orientación sexual, nuestra agresividad, nuestro carácter, nuestra religión y nuestra lengua materna. Del mismo modo no podemos evitar nuestra predisposición a contraer determinadas enfermedades ni a tener determinados problemas sociales, civiles y penales. Una vez convertidos en adultos existen muchísimas limitaciones para moldear nuestro cerebro, y nuestras características ya están fijadas de por vida. (“Es posible encauzar ríos y mover montañas. Mas difícil es cambiar el carácter de un hombre”. Proverbio chino).

Teniendo en cuenta estos aspectos se hace evidente que para que los seres humanos podamos mejorar sustancialmente y  trascender debemos acometer un determinado conjunto de acciones encaminadas a mejorar la estructura y el funcionamiento de nuestro cerebro:

  1. Por un lado, debemos esforzarnos en conocer de forma más completa y precisa posible tanto la estructura como el funcionamiento de nuestro cerebro, conociendo con profundidad tanto sus limitaciones, como sus potenciales. De forma complementaria debemos esforzarnos en delimitar con precisión las acciones cerebrales asociadas a cada uno de nuestros actos y en general de nuestro comportamiento. Como consecuencia, por un lado podremos interpretar de forma más acertada los hechos históricos, y por otro lado podremos ser capaces de entender con plenitud nuestro comportamiento, y por tanto podremos controlarlo con mayor eficacia.
  2. Siendo conscientes de las diferentes limitaciones del cerebro humano podremos acometer acciones efectivas con la finalidad de tener bajo control los mecanismos cerebrales que suponen un obstáculo para su funcionamiento adecuado, y por tanto para nuestra correcta evolución y trascendencia.
  3. Por último, conociendo los diferentes potenciales del cerebro humano, podremos aumentar nuestra capacidad cognitiva y desarrollar nuevos talentos, y por tanto podremos trascender como humanos.
  4. La estructura y funcionamiento del cerebro se determina en su práctica totalidad de forma genética, en su desarrollo intrauterino y en los primeros años de vida. Ello significa que nuestro carácter, nuestros talentos y nuestras limitaciones, y por tanto nuestro futuro comportamiento, quedan prácticamente predeterminados desde nuestros primeros años de vida. Por tanto, si deseamos trascender como seres humanos, y si deseamos mejorar nuestra sociedad debemos asegurar la salud y el bienestar de las madres a lo largo de su gestación, así como la correcta estimulación intrauterina del bebé, y la correcta educación en sus primeros años de vida.

Sin duda los avances tecnológicos en medicina, la ingeniería genética y la simbiosis de nuestro cerebro con sistemas de inteligencia artificial serán muy importantes en el futuro para conseguir este objetivo. No obstante, ser conscientes de que nuestro comportamiento, nuestras limitaciones y nuestros talentos dependen de la estructura y funcionamiento de nuestro cerebro es el primer paso más importante, y absolutamente necesario, para que la sociedad, la familia, y en última instancia nosotros mimos, aseguremos el mejor cuidado de las madres para asegurar el correcto desarrollo intrauterino de los seres humanos, y la correcta estimulación y educación en sus primeros años de vida.

A modo de resumen se puede decir por tanto que Luis De Garrido está especialmente interesado en identificar el sustrato biológico y químico que existe detrás de todas las emociones, pensamientos y acciones, y en general del comportamiento humano, con la finalidad última de lograr nuestra transcendencia como seres humanos, y la creación de nuevas estructuras sociales más avanzadas.

Por ello, y con la finalidad de lograr un análisis sin fisuras, y absolutamente objetivo, Luis De Garrido ha sugerido incluso la propia trascendencia del método científico, para que no se vea acotado por las limitaciones de los sistemas cognitivos humanos, y establecer, como él mismo denomina, un procedimiento meta-científico.

Como resultado de esta declaración general de principios es evidente que Luis De Garrido no se encuadra en ninguna corriente filosófica de razonamiento existente, ya que en realidad está interesado en identificar el “razonamiento universal”, absolutamente objetivo, en el cual se pueda encuadrar cualquier tendencia de pensamiento que pueda existir en cualquier individuo, o grupo de individuos.

No obstante en el pensamiento de Luis De Garrido se encuentran ciertos ingredientes intelectuales que recuerdan al Naturalismo, al Existencialismo y sobre todo al Transhumanismo.

– El Naturalismo en tanto que rechaza lo sobrenatural, ya que Luis De Garrido estima que es simplemente es una cuestión de tiempo que se llegue a tener una explicación de cualquier hecho natural, o de cualquier aspecto del comportamiento humano, hasta tal punto que se puedan predecir, o gestionar adecuadamente cuando sucedan.

– El Existencialismo en tanto que afirma que cada persona tiene sus propias vivencias subjetivas, lo que implicaría la inexistencia de una objetividad. Como alternativa Luis De Garrido piensa que cada vivencia subjetiva se moldea en sintonía con las características particulares de cada cerebro humano, que percibe e interpreta una misma realidad, que podría “adivinarse” como objetiva. Sin embargo, esta realidad objetiva, única y esencial, aunque exista, solo podría ser identificada si se transcendiera la condición humana, tanto de forma individual, como en forma colectiva en forma de redes sociales.

– En Transhumanismo en tanto que para tener conciencia de la realidad objetiva se debe, necesariamente, mejorar al ser humano y hacerlo transcender. No obstante Luis De Garrido piensa que la mejora y trascendencia del ser humano debe lograrse no simplemente con la ayuda de la tecnología, la inteligencia artificial y la ingeniería genética, sino fundamentalmente, a través del conocimiento consciente del funcionamiento del cuerpo humano, y sobre todo del cerebro. De este modo sería posible educar adecuadamente al ser humano, tanto en el seno materno como a temprana edad, con la finalidad última de ampliar nuestra capacidad cognitiva, ampliar nuestras capacidades y talentos y mejorar nuestro comportamiento social.